sábado, enero 5

El mosquito contradictorio

Cuando en el secundario elogiaron mi capacidad para la matemáticas y la contaduría, decidí estudiar periodismo. Hoy no trabajo ni de matemático, ni de contador, ni de periodista.
Hace unos años (ya recibido de periodista) quise estudiar letras y pertenecer al mundo académico, hoy si un académico me viene a tocar timbre lo trato como a un vendedor de camisetas.
A veces me escucho hablar sobre Japón, Estados Unidos o Europa, lugares a los que nunca estuve cerca de conocer.
Alguna vez dije que no iba a escribir para mis amigos, y después terminé compartiendo este blog para horror de los pocos infortunados.
Muchas veces dije que no iba a hacer dieta nunca en mi vida. Muchas de esas mismas veces rumié ensalada durante una semana y media antes de volver a rendirme al poder narcotizante del sándwich de Mondiola.
Hoy me prometí no colgar en la compu (je).
Hoy me prometí escribir algo interesante (uff).
Hoy me prometí no caer en los lugares comunes del autocastigo compasivo y la ironía berreta (Anpósibel Tudú).
(Hoy me prometí no usar paréntesis) Dejá de escribir en voz baja, salame!!!
Hoy no puedo dormir, pero tengo sueño, pero no quiero dormir.
Hay tantas posibles vidas detrás de cada decisión. La contradicción es la forma de poder espiar un poco el camino abandonado. Qué sería de mí si fuera gordo, contador, prostituta, tailandés o coleccionista de tapones de sidra.
Sin la contradicción nos convertimos en idiotas fundamentalistas de una forma de vida.
Sin la contradicción nuestras seguridades son vacías.
Sin la contradicción nuestro entendimiento del otro es chamuyo y postura.
Sale el sol, me voy a dormir...