Girar en círculos hasta caer o quemarse. Típico de polillas o moscas, pero no de mosquitos. Al mosquito no lo deslumbran las fuentes artificiales de luz, ni vuela con patrones tan previsibles. Su recorrido aéreo puede parecer azaroso, pero tienen un único objetivo. No los colores de una flor, ni la promesa de un sol nocturno; no hay distracciones para el mosquito, el instinto y sus sentidos lo guían inequívocamente hacia el octenol. No ve la sangre, pero sabe que está ahí.
Mientras tanto uno sigue acá, escribiendo inexactitudes a cualquier hora, porque no puede dar con el objeto de su persecución. Como un lisiado mosquito cartesiano que plantea la duda como método y el círculo como problema, entonces, aunque sepa que la sangre está en algún lado, sigue dando vueltas alrededor de ideas brillantes pero imposibles de alcanzar.
La naturaleza no tendría piedad con este mosquito cartesiano, pero afortunadamente nos inventamos algo llamado sociedad moderna, en la que uno puede dedicar su vida a una actividad y ganarse el sustento haciendo otra completamente diferente en forma mecánica y desalmada.
Mi problema circular comenzó hace algún tiempo, pero estoy por llegar al punto de no retorno. Una vuelta más, y ya no me quedará otro camino que volar hacia la luz. Alrededor de qué estoy girando? Es una luz cegadora (un disparo de nieve)? Es finalmente el llamado del octenol? Yira... yira...
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