jueves, enero 26

El Mosquito y la tevé

Cómo vencer la atracción por lo brillante? Cómo apagar la magia de lo fluorescente? Y el ruido. Capas de sonidos, voces, músicas que invitan a perder tres sentidos y ser sólo dos. Vista y oído enfocados en un rectángulo maravilloso.
Los ojos se incendian lentamente y los tímpanos caen en una nube de ruido blanco. Qué maravilloso. Tetas y corbatas que se gritan entre ellas "Gato!", "Estás eliminado!", "Un saludo para mi vieja" y "Qué barbaridad señor intendente, el mundo se va al carajo culpa suya".
Después de un rato de zapping los otros sentidos reaparecen, pero con una única pulsión: copiar a sus hermanos en la búsqueda de lo blando. El tacto pide sábanas, almohadas o sillones. El gusto, helados o cerveza. El olfato, aire ionizado.
Así, mientras una corbata nos intenta convencer en falso portugués de que el infierno existe, y en el canal de al lado unas tetas gritan que el cielo es tuyo si mandás un sms al *666; lo único que existe es el limbo, ese limbo adormecedor que nos protege de cualquier sensación parecida a la realidad.

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